La raíz de la parada de manos

La raíz de la parada de manos

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La naturaleza es sabia reza un dicho. Y si lo aplico al mundo del yoga es aún más valedero. Cada día estoy más convencido de que la mente, el cuerpo y las emociones tienen el mismo proceso evolutivo de un árbol. Aquí estoy plantado en la Asana de parada de manos, en equilibrio y hasta en perfecta acrobacia, rodeado de curarires en el Jardín Botánico de Maracaibo. Debo confesar que veía la postura en un cuadro que se ha paseado por varios baños en el centro de yoga Karuna, donde imparto clases, y siempre era de admirar aquel chico en bañador azul rodeado por un paisaje absolutamente verde, totalmente esperanzador. Siempre he apostado a la visualización, desde niño. Con lo que mi corazón y los ojos armonizan, exactamente eso atraigo a mi vida. Sí, es mi secreto. Conectar con aquello que viene dentro de mí y se materializa en esta existencia. Una suerte de ritual, o como diría una guajira amiga: eso es brujería. Yo digo que es magia y de la buena. Entonces hice magia con mi cuerpo. Lo logré, sin mucho esfuerzo. Siempre mis alumnos resuelven que en mis demostraciones las asanas se arman muy fácil y sencillo, con gracia y elegancia. Sin sufrimiento. Y es porque el yoga es así, es su naturaleza. Las posturas florecen una a una, como el mismo árbol de curarire. No necesitas de mucho, solo práctica y más práctica. Si los árboles requieren de la luz del sol y del agua, igualmente las asanas se consiguen desde la luz de tu conciencia y el agua de tu espíritu. Ahora recojo los frutos del trabajo de 12 años y voy echando más raíces en las posturas…